martes, 20 de abril de 2010

PASAN COSAS EN CHILE




Cuando señalábamos en una publicación poco después de las elecciones presidenciales de que: “al parecer asistimos a un cierre del período de la lucha de clases”, no estábamos errados. ¡Estábamos recontra errados! porque en Chile pasan cosas, no las cosas que nosotros quisiéramos que pasen, pero que pasan cosas, pasan; recordamos en Puente Alto.

Estimábamos que el cierre del período se circunscribía sólo a la variable electoral y su estrepitosa derrota como expresión de democracia en todo lo referente a representación y legitimidad pero estábamos errados. La coronación de este cierre de período se dio en condiciones propias de un país como el nuestro, en donde por sobre todo, pasan cosas.

La variable ambiental se impone como el paradigma del presente siglo en toda su dimensión política, social y económica y deja al desnudo a quienes con ropa prestada encabezaron la transición interminable, durante interminables veinte años. También desvela la ignorancia y desconocimiento de todos nosotros acerca de una variable indispensable hoy en día de incorporar en el análisis. Y, la necesidad imperiosa de avanzara en el recambio generacional que todos necesitamos como izquierda después de los resultados obtenidos en los veinte años de Concertación

Un terremoto con maremoto es una variable aleatoria en función del tiempo y del territorio, que la versión de nuestro sistema neoliberal criollo no puede integrar debido a que este funciona sobre la base de la menor inversión con la mayor rentabilidad en el menor plazo posible. Ésa y no otra, es la máxima y no tiene consideraciones éticas ni morales a la hora de decidir.

Esta farsa sostenida y administrada por más de veinte años ha propiciado el crecimiento pero no el desarrollo de nuestro país. La inequidad como verdadero resultado económico social es, algo así como, la doctrina del sistema que nos lleva directo al conflicto social. Los cambios estructurales de las reivindicaciones históricas en salud, educación y vivienda son frustradas en una peregrinación interminable de reformas que no van ninguna parte, salvo a los bolsillos de los privados y al subsidio de la propia miseria que produce el sistema. Ni la Izquierda formal ni nosotros hemos generado propuestas alternativas al respecto y sólo el Marco logró remecer, con un poco más del 20% de nada, la estantería del conservadurismo concertacionista un par de meses antes del terremoto y maremoto.

No se trata de un gobierno u otro y lo veremos en los próximos cuatro años, sino que una forma de hacer y entender el quehacer, la causa del problema del desarrollo en Chile. La mera presunción de mejorar el sistema con la misma receta que nos enfermamos todos de él, es hoy en día, la única salida de este callejón sin salida en donde se fue a encajar las clases dominantes y sus administradores. Fíjense donde fuimos a parar, dijo un vecino micrero, jubilado actualmente como consecuencia de la exitosa instauración del Transantiago.

El consumo exacerbado a través de la manipulación mediática de los hábitos culturales de las grandes mayorías, que frustra el desarrollo de las personas y los somete como comunidad al stress de la inequidad, en donde la extorsión de trabajo y la usura del crédito son los grandes precursores del “crecimiento”, la “competencia”, la eficiencia, la eficacia, la competitividad y no se cuantas guevadas más, señalo; un frustrado estudiante de Ingeniería Comercial, amigo nuestro.
Sobre todo, cuando en veinte años se crea una “oficina de emergencia” que tradicionalmente y como en todo país subdesarrollado y dependiente, funciona en Ahumada con Huérfanos para todo el territorio nacional y, todavía; usa Fax para sus comunicaciones burocráticas y de toma de decisiones. Es que en Chile pasan cosas.

Y, la Hillary, la cornuda más famosa del mundo, a los dos días trajo un par de docenas de teléfono satelitales con el pago al día para que se los repartan y se comuniquen. Nos imaginamos que ahí recién se vinieron a enterar que había quedado la cagada y sacaron a los milicos a la calle.

La infraestructura estratégica como Estado es concesionada, también sus comunicaciones, y no había un sólo piloto para que la Presidenta de la República de Chile fuese a ver la mansa cagada que estaba quedando. Es ése y no otro el verdadero resultado de esta patota de lanzas, monreros y escapistas de la Concertación, dijo indignado un Choro de la Pobla, damnificado por el sismo.

Que extraños resultados nos depara la evaluación de estos veinte años de Concertación y, el “como” terminó, el experimento reformista más chanta de la historia del país. Porque al fin de cuentas, estos que traicionaron a su propio pueblo negociando a sus espaldas la interminable transición a la democracia desde la dictadura no fueron ni serán mejores que nosotros. Y, está probado. Nosotros no lo hubiéramos hecho tan mal.

Nosotros no hubiéramos convertido a nuestro país en una larga y angosta faja de mediaguas cada vez que hay un terremoto en Chile. El MIR ha cometido ya los suficientes errores y horrores para aprender de la historia y empezar a atinar. Dónde estábamos todos nosotros ese día, es una lección para todos nosotros que sabremos aprender.
Lección dada, lección aprendida, recordamos en Puente Alto.

Los verdaderos resultados del experimento reformista quedaron al desnudo después que unas olas Tsunámicas le arrancaron sus ropajes prestados y los dejaron desperdigados en las nuevas riberas del litoral centro sur, entre gritos, escombros y cuerpos de chilenos, el último día de febrero del presente.

Ningún político que se precie de tal podría haber previsto como un escenario posible lo ocurrido desde fines de febrero hasta la fecha. Pero sí hubiera habido una verdadera estrategia de desarrollo como país, hubiéramos estado preparados, no sólo para poder haber evitado muchas muertes, sino que; comprender tanta desolación y tristeza para los humildes de Neruda, en el ecosistema social que más pobreza estructural alberga en el centro sur de nuestro país. Un cierre de período en la historia política más particular que éste, en los famosos doscientos años de vida republica y, no sé que más, dijo un vecino, con dotes de historiador y poeta.

Pero también y después de veinte años, venir a exhibir un resultado como este resultado quiere decir muchas cosas más que los gritos agónicos de chilenos arrastrados por las aguas en la desembocadura del río Maule, Dichato, Talcahuano, Conce y todos. Transmitidos en vivo y en directo durante varias semanas y con Teleton incluida, que nos deja a todos impávidos de rabia, demudados de tristeza y embroncados de dolor. Esto se coronó de una manera singular para todos nosotros. El cierre del período se da en un contexto inédito en la historia de Chile. Y, sigue temblando mierda.

Pero empezamos con los milicos en las calles y terminamos con los milicos en las calles, “ESTO FUE SIEMPRE A PUERTO”, señaló con sabiduría, un destacado cantautor de Puente Alto. Y, cada vez que los socialistas se instalan en el poder terminamos con los milicos en las calles. Dijo un árabe saudi, amigo nuestro, de la colonia puentealtina. No se puede desarrollar un país de manera integral, si es que se viste con ropa prestada, según entendemos; al profesor Salazar. Son conclusiones que nos entrega la historia con todas las fuerzas de la historia.

Y, eso que estábamos sacando otras conclusiones respecto a los verdaderos resultados de esta democracia sin sentido, en donde recién nos hemos asomado. Donde el actual Presidente de la Republica sólo fue electo por un poco más de tres millones y medio de ciudadanos de una total de dieciséis millones y medios de habitantes.

Y de pronto sin previo aviso, la bahía sísmica del Golfo de Arauco liberó la energía acumulada desde el terremoto del 1960 y en cuestión de segundos, la Onemi se mando el broche de oro de los 20 años, en más de un par de las eco regiones más pobres de la patria de todos, desnudando los verdaderos resultados del experimento reformista y, la resolución del atajo por la derecha, hacia un callejón sin salida para el neoliberalismo criollo.

Pareciera que cayó un rayo de maldición sobre los que pactaron con la Dictadura, bajo las directrices del Departamento de Estado con el aval de España y sus aliados socialdemócratas Europeos. Estas circunstancias en las cuales le trasfieren el Poder Ejecutivo a los herederos de la Dictadura y sus aliados Políticos, son realmente inéditas en la historia de este siglo que cumple su primera década.

Y, a pesar que tuvieron todo en sus manos para cambiar el curso de nuestra historia y del desarrollo del país, despilfarraron la confianza depositada en las urnas que les otorgo el pueblo desde el plebiscito hasta la fecha. Chao Concertación. Se cosecha lo que se siembra, señaló un vecino, emigrante del campo a la ciudad, avecindado en nuestra comuna.

Pareciera también, que los que pensaban repartirse el “desalojo” se encontraron con Chile, el Chile integral, el que trabaja, el que terremotea, según su propio arbitrio y cuando se le da la gana. Y, que el atajo de esta resolución del período los llevó a estar obligados a ocupar la misma receta con la que nos enfermamos, señalo un médico de San José de Maipo. Y, a pesar que Tatán tenía otros planes; “Nunca hay que desaprovechar una Buena Crisis”, dijo un economista arruinado, amigo nuestro, que publica en el Charquicán.

La historia pareciera ser cruel con los que traicionan al pueblo y al parecer; es la naturaleza de este pueblo, su naturaleza integral, la cual cobra vida, cuando las esperanzas de vida parecieran extinguirse. Que lección nos ha dado a todos la historia reciente de nuestro país. La naturaleza de nuestro país ha terminado por desnudar la farsa del modelo de desarrollo con el cual habitamos esta cornisa continental de América Latina, nuestro ecosistema continente. Y, ninguno de nosotros fue capaz de predecir nada al respecto y, eso que todos somos miristas.

La transición interminable le entrega un país desarmado de redes sociales, sin proyectos políticos y moralmente derrotados por sus propios acontecimientos a la derecha nacional y mantienen el sistema. Tuvieron que salir los Milicos a restablecer el sagrado orden público para que en el país siga funcionado un sistema, el cual durante veinte interminables años, sólo tuvo una sola alternativa, cambiar.

Pero que bajo la concertación sólo ahondo mucho más la crisis que habrá que enfrentar en este nuevo periodo de la lucha de clases del país que comenzamos a vivir el primero de marzo del 2010. Una batalla más dentro de las muchas batallas más que habremos de librar para conquistar nuestra independencia sustentable para el ecosistema llamado, Chile. Y ¡chao Concertación!... y no le vengan a echar la culpa a nadie más que a ustedes.

Chile cambió. Lo vimos en las calles corriendo tras un celular que no funcionó y la Hillary prometió que iba a mandar más de los suyos para que se comunicaran y ojalá entreguen lo más pronto el ejecutivo porque a ustedes se los llevó el Tsunami que no lograron anunciar. ¿Fue una crónica de una muerta anunciada? o ¿en Chile pasan cosas? o no hablamos inglés.

Esto es una tragedia de proporciones cataclísmicas. Un remezón como este no podía ser previsto por nadie más que la naturaleza de nuestro pueblo en el sentido integral, eco sistémico, como dicen los siúticos. Si no cambiamos nosotros ahora, no vamos a cambiar nada, ni nada va a cambiar. Y ya sabemos que el que no cambia todo, no cambia nada.

Porque estábamos a punto de celebrar el triunfo de los Tupamaros con asado y mate, para que no digan que somos curados. Y esperando de nuestros compañeros que asistían a dicho evento nos trajeran buenas noticias para la construcción de un programa nacional. Y, nos pilló de sorpresa también. Y si no fuera por los Charquicanes hubiéramos sufrido más, todos nosotros buscándonos a nosotros. Dígannos si no pasan cosas en Chile.

Y al respecto del Tsunami moral. Los saqueos empezaron en Puente Alto, el sábado en la mañana, cuando tres de la pobla le preguntaron al guardia del supermercado de barrio, ¿sí había Pan? Y, no les gustó la respuesta del guardia y cacharon que sólo había dos guardias más. Así que le empezaron a pegar entre los tres y los dos restantes guardias salieron arrancando cuando vieron que los casi veinte machucaos que estaban cruzando la calle frente a la puerta venían levantándose la polera para mostrar los tajos en la guata y, así; evitar sacarles la chucha. Así, se hace un saqueo gueno. Así de tóxico se ha vuelto el ambiente en la Oscar Bonilla de Puente Alto (el nombrecito del Campamento).

Se llevaron todo el pan envasado, la leche, el queso, unos copetes y los cigarros. Y se fueron a perder en la pobla para avisarles a los otros que estaba abierto el supermercado. Sin escrúpulos, porque aquí hay que asegurar. Se cosecha, lo que se siembra. Repitió un paco de Traiguen, cuando media hora después llegaron a reestablecer el sagrado orden público, después que los hijos de la Concertación habían actuado como fueron educados. Individualistas, asegurados, consumistas y caras de raja.
Pero por sobre todo, sin haber tenido una oportunidad en veinte años y las excepciones confirman la regla, nos contó un profesor de Física y Matemáticas, compañero nuestro.

¿Dónde estaban la Elmo Catalán o la Ramona Parra de otrora o, los sindicatos y los estudiantes de antaño? ¿Donde estaban los vecinos organizados en coordinación con sus autoridades locales, provinciales, regionales y nacionales? Chile cambió.
¿Donde estaban los partidos de la concertación que nos han gobernado por veinte interminables años, sus honorables Senadores y Diputados? ¿Donde estaban los cargos de exclusiva confianza de la Presidenta de la República?

Dejaron a nuestra querida, ochenta por ciento de aceptación, sola. Rodeada de burócratas, pacos y milicos para darle la pincelada China, la que mata a los tres días y, de esta manera, levantar el telón del cuadro final a esta escena política, al cierre de un período más de la lucha de clases, nos aseguro un choro, lanza internacional de visita en estos días en nuestra comuna como consecuencia de la crisis en Europa.

Mientras tanto y por Fax, un Fax ininteligible, del mismo modo que renuncio Fujimori desde Japón a la presidencia del Perú, hace como veinte años, se pitearon a no sé cuantos, porque todavía no saben cuántos fueron. Ustedes dirán que exageramos, pero ni tanto. Es que en Chile pasan cosas, no las cosas que queremos que pasen. De la que nos salvamos dirá el Marco, boquiabierto todavía por los acontecimientos y las cosas que pasan en Chile.

En el intertanto, nada funciono y tuvo que ir la Erika a rescatar a su madre, las casas de los abuelos del Pancho se hicieron polvo, nos costo más de una semana saber de todos nosotros, hay niños que faltan y cientos de historias más. Donde está el desarrollo de este país, su independencia y sustentabilidad después de veinte años. Ahí no más, dice la Cumbia. O, mejor dicho; de qué desarrollo estábamos hablando Sra. Concertación.

¿Y donde estábamos todos nosotros ese día?
Son las conclusiones finales que nos brinda la historia a todos nosotros como “Cultura Mirista”. Por lo tanto, los esperamos a todos el 10 de Abril. Necesitamos pensar, necesitamos un recambio generacional, necesitamos actualizarnos en tecnología de comunicación para democratizar la elaboración colectiva y hacer política.

El colectivo ha estimado señalar en esta publicación un saludo particular para el WM, redactado de la siguiente forma: “Grande Ignacio, por la tarea más que cumplida”. Y, un saludo fraternal a todos los compañeros que no la pasaron bien. Nosotros en Puente Alto la sacamos barata y esperamos que esta sacudida de cuerpo y alma que nos brinda la historia, nos sirva a todos en el camino del reencuentro de éste año.

Finalmente, al celebrarse una vez más el día del Joven Combatiente en Chile, cumplimos nuestro trabajo publicando nuestras reflexiones en honor a nuestra historia, nuestra cultura y nuestro partido. Esperamos que nuevas generaciones se integren al esfuerzo por no cejar en buscar las claves y las formas de avanzar con todas las fuerzas de la historia. Hasta la victoria siempre “Toño Zusarte”, viejo y querido.

lunes, 20 de abril de 2009

miércoles, 10 de diciembre de 2008

BINTA Y LA GRAN IDEA, "Un Acercamiento Paradigmatico a la Razón de Sentir"


Binta desde el espejo de sus pensamientos, nos acerca a esa invisible línea que separa lo concreto, lo pragmático de los significados lógicos que la percepción nos permite captar en una realidad plástica e inestable, pero ciertamente universal.

El conocimiento vertido en los diálogos, de esta comunidad africana, destraban el razonamiento como elemento de verdades rígidas y establecen un nuevo espacio del pensar, encaminando a que no existe ese principio de racionalidad pura como herramienta interpretativa de lo que vemos, sentimos y/o asimilamos como real; si no está dado por la inconsistencia y la libertad como elementos que se conjugan en forma diferente cuando la información se devela frente a nuestros ojos como algo que es posible tomar del extremo opuesto de donde se presenta.

Sin duda que el tiempo medido desde un reloj análogo, la exactitud será presentada por la posición de sus manecillas en una línea recta, con que establece el punto medible de la postura del sol en relación a la rotación de la tierra, y ese ejercicio teórico, es reducido a un simple timbre que se libera a las 12:00 horas, que en resumen, es solo una simbolización de modernidad, de desarrollo, de crecimiento a los ojos del padre de Bita, pero que no concretizan en la realidad que el debe tomar con sus propias manos. No podemos desconocer que de ese pequeño pero concreto sonido, este hombre desplego desde sus andamiaje reflexivo una lógica hacia a la inclusión de la exclusión, posicionando su realidad sobre otras mejor desarrolladas.

La comparación es otro elemento que se manifiesta como necesidad de verdad, la pregunta que salta es ¿Qué realidad puedo sostener como posible de afirmar, si la mía es tan concreta como la que se manifiesta mejor? En resumen puede ser la pregunta que ese padre aterriza, en el momento en que su propia razón lo empuja a sentir la necesidad del cambio. Es aquí donde lo paradigmático de un fenómeno sufre la inconsistencia o al menos una parte como afirma Feyerabend .

Para finalizar, quiero citar a Eduardo Galeano, en su libro “Bocas del Tiempo” en el cuento Huellas… “Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda. Algunos añitos han pasado. La duda sigue” Y serán estas las que permitan día a día que las ideas de Bita sean las grandes verdades que debamos relatar como contenidos replicables para las reflexiones científicas venideras medibles, observables, cuantificables e hipnotizadas las veces que sea necesario.

jueves, 4 de diciembre de 2008


ENTRE TIEMPO Y RELATO

La historia de los hombres, ha sido relatada, trasmitida, descrita, depositada en la correa transportadora del tiempo, como una matriz manufacturada por el lenguaje, curtida por la conjugación de simbologías desprendidas desde las laringes de quienes han tendido la misión o han querido liderar dicha aventura de contar lo que otros han hecho. El placer de la derrota, es una escenografía verbal que no puede estar ausente, como así mismo impregnar ese único relato con la sensibilidad más diáfana de sentimientos comulgados al alero de un sonido compuesto por dos silabas, dejándola morfosintácticamente en una palabra abierta (amor).

Esta amalgama fonética de símbolos lingüísticos es en resumen, la suma de actos en donde el poder, la transgresión, la marca (como sello de pertenencia), la sonorización de la fuerza, la avaricia de motines para llenar alforjas de sueños gloriosos y enriquecido, se perpetuán cada vez que se mecaniza el ensamblaje de contar algo que en algún momento sucedió por las fuerzas de su propia esencia de existir. Sin desconocer lo relativo que puede haber, dentro del proceso subjetivista de un relato, sin duda, que es el contexto en el cual se enraíza la parsimonia del vocablo, es decir, la palabra se convierte en una contorsionista, que toma más de una forma en un mismo momento, dando entender ni lo uno ni lo otro de lo que “verdaderamente” trata de explicar.

Ahora bien esta plasticidad se balancea como una guillotina china, entre el bien y el mal, entre lo sagrado y profano, entre lo bondadoso y lo perversos, entre la riqueza y la miseria, entre el abuso y la sumisión, entre el blanco y lo oscuro. Abro estos párrafos anteriores, con el objeto de poder explicar, como la imagen se convierte en una véngala que ilumina el camino de lo no dicho, es decir, las imágenes mentales son amarradas a una secuencia, a un plomo que trata de marcar el exacto punto, en donde su relatos que lleva a cuesta, son el contrapeso justo para quien escuche tenga además ese encuadre cinematográfico, que le permite imaginar – viendo el sonido del dolor, y/o los desgarros del llanto cuando el golpe es certero y destroza lo poco y nada que ha logrado mantener en pie el otro.



CUANDO ESA CULTURA ES OBLIGADA A SER RELATADA DESDE LA DERROTA.

Toda derrota, conlleva un duelo, una perdida que es imposible volver a recuperar, como entender eso cuando el mensaje está elaborado desde la rabia, sin duda, que no es sencillo, si hemos sido testigo por años, que aquellas minorías (actuales) han llevado sobre sus hombres, la carga apesadumbrada del hostigamiento, del desalojo, como una herencia desbordada que se derrama en cada paso de cotidianeidad.

Las culturas a centrales, aquellas que irrumpen en la historia de la humanidad, como iníciales, como un destello de primicia, entendiéndola como un antes, en la argumentación de los posibles enunciados sujetos a ser representados, sin duda que tienden a perpetuar esa derrota. No podemos negar que aquellos se rebelan frente a la encrucijada de estar excluidos de lo que siempre les perteneció, replicando con la misma fuerza con la cual fueron sometidos, la rabia de lo que le han extraviado, en los recovecos de la información, del acceso, de la permanencia valida y viva.

Son ellos que construyen un discurso defensivo, fuertemente empalizado, que les permita sobre vivir, dentro del marco consensuado de pertenecer a algo, que no es semejanza de lo extirpado, pero si un manifiesto extremadamente necesario para existir. Es decir, toda rabia empuñada, mordida fuertemente entre labios, que se desprende con brutalidad frente a lo establecido, a lo melódicamente verbalizado y a lo mediático de lograr seguir en pie, sin duda que es poco entendible por aquellos que generan esas condiciones. La violencia, el arte de la guerra, la destreza de aniquilar, el rencor ensangrentado de los puños, son artificios elocuentes al momento de defender ese espacio vital.


ACLANADOS DESDE LA EMOCION

El involucrase sobrelleva una cuota de racionalidad, pero también, pone en el tapete de la acción un carga emotiva, somos todos un todo, pero arrimados por la fuerza cognitiva de pertenencia, esa fuerza invisible que nos engrilla con las imágenes de lo comprensivo, de lo necesariamente explicito para ser miembros de una emoción subyacente que es compartida. La correlación de actos en una suma de intereses, es el resumen de lo pactado, es construir con el otro una alianza tacita de permanecer unidos en la impaciencia de lograr una semejanza imperceptible, pero concreta.

EL VAGO SENTIDO DE INTERPRETAR LA COTIDIANEIDAD URBANA DEL MAPOCHO



Acercamiento (Que se alce la cortina)


El espacio existente entre el último peldaño superior de la escalera de la estación del metro y la sinfonía de matices en los ruidos, en los olores, asomados en los escaparates rodados de colores de la vega chica, son los que definen el momento justo, en que mi yo (como sujeto), entra en escena, dando un pasito corto para establecer el equilibrio ecuánime, mirando un punto objetivo que me permita traquetear la mirada hacia la paronímica muchedumbre que inter- actúa entre buses, semáforos, edificios, rincones, neones, cunetas, carros de frutas y boletos de Kino.


Cualquiera, todos y/o ninguno es o será mi sujeto objeto, son ellos y yo quienes detonamos en un sentir invisible, que más allá del norte de la alameda, la vida se asoma como un destello de actores urbanos en un espacios teatral subjetivo, que da rienda sueltas a la observación social histriónicamente puesta en la rivera del rio Mapocho.


La Objetivación coterránea de lo subjetivo, y lo Subjetivamente escondido azarosamente de lo objetivo serán las escenografías en la cual desarrollare el acercamiento teórico reflexivo, de lo que cualitativamente podre observar, participando entre las dos y cinco de la tarde, es decir, el tiempo como medida simbólica, acotara, reducirá y sintetizara el silencio de lo que veo, escucho e interiorizo desde la particularidad de mis convicciones ideológicas que he fraguado en estos cuarenta y tres año de vida.


El recorrido (Un guiño urbano en el caminar)


Bajo dos peldaños oscuramente hablando, y como topo me sumerjo en la raíz del vocablo criollo que imaginariamente hemos inmortalizado, en la animita de lo que adjetivábamos como popular, guachaca, piojento con hedor proletario y esnob posmodernista, “La Piojera”, sustrato cultural empinado en un sorbete a la vida en la década del 50, donde su bautizo fue celebrado entre chicha y chancho con la venia burgués de un ex presidente que anquilosaba su perro galgo.


Los sujetos, que sujetan sus diálogos en la barra, mirando el horizonte de botellas a medio llenar o a medio terminar, -- dependiendo del tiempo que cada una guarda bajo su lengua desconfiada de corcho -- y sosteniendo el pequeño universos de sus historias construidas, miro y escucho como se revelan frente a sus propios ojos, la complicidad de ser parte de los párrafos de la bitácora que este lugar a redactado durante años, en su navegar por la historia de este país.


Es un simple pero penetrante ruidos de voces, me cortejan el saber de la interpretación, me empujan a ser observador – observado, distante pero elocuente en mi presagio de leer el contexto en la cual me expongo, la mesas, luces, sillas y la camanchaca del humo establecen el rol, el play de la melodía con la cual la comprensión se manifiesta como sensación de seducción de elaborar un constructo descriptivo de un momento objetivo que divide el razonamiento de esta realidad física suspendida en el rincón de los vaticinios de la calle mapacho.


Es la primera estación, que ya se establece como cotidiano, con el solo guiño de olfatear las texturas de la interacción social de mucho, pocos parroquianos que hacen una tregua en su andar y anclan su cotidianeidad en un momento, estático. Y desde aquí ya comienzo a establecer el carácter espacial de mirar por el ojo del calidoscopio que vela la duda de mi certeza objetal.


La Impronta Social (El gusto por el movimiento)


Me encamino por los túneles de las galerías frutales, por las estrechas callejuelas de los emporios no persibles, en donde las ofertas están acotadas a “n” noventa y nueve pesos, tratando matemáticamente de dejar la exactitud en la retina de los potenciales clientes. Lo objetivo está en el espiar sobre el hombro la comparación numérica del valor, aquí confluye el saber, la suma como ejercicio de ganancia, sea cual sea el precio cobrado, consignando que no existe otro momento más justificado para la sensación de satisfacción de quien se detiene frente a un puesto y sumerge su mano en la gruta de sus bolsillos.


Este terrario urbano, regado por la briza del Mapocho acopia las miradas de todos nosotros en un instante metafórico, subjetivo, relativizando la plausible explicación que nos damos para comprender lo que ha sido comprendido por si mismo y por quienes habitan diariamente ahí. Y nosotros los “huéspedes” que venimos de otros terrarios - menos sofisticados- nos empapamos de esta subcultura en la escucha de un lenguajaer simple, dinámico y humanizante, porque son la suma de todas estas particularidades humanas que dialécticamente se van trenzando, en un espiral de historias, que hacen de un lugar la caracterización del relativismo cultural que subyace en la memoria de todos, los que por algún motivo, han depositado sus pasos al norte del Mapocho.


Y mi última parada, se ancla en las cocinerías, en donde la abundancia es el sinónimo más elocuente, para descifrar el paladar, almuerzo con todos los comensales que logro ver desde mi miopía interpretativa y brindo con los otros el desliz de haber vivido por tres horas la marejada de relatos sucumbidos en las cunetas sudadas por los pasos de incognitos transeúntes que día a dia coloquialmente se visten con el terno dominical y cantan en los buses las rancheras melancólicas del pasado.